Del cuerpo enfermo a la persona enferma

Desde todos los tiempos la sociedad y la cultura le otorgan al cuerpo un lugar determinado y de acuerdo a eso tendrá un modelo buscado, también un valor, un lugar de vida. Es decir que en cada época y lugar el cuerpo tendrá un significado.

En la antigüedad, los griegos le daban al cuerpo un lugar privilegiado en el que se exaltaba la belleza y la armonía. Con el advenimiento del cristianismo, se sobrevaloró el espíritu, el alma, mientras que el cuero era indigno.

Y si vemos las historia de la humanidad a través de los siglos observamos que la relación entre los dos términos -cuerpo y espíritu- fueron oscilando en primacía.

Equilibrio difícil de lograr para que se integren , armonicen y cohabiten.

La ciencia médica y sus adelantos científicos trajeron al cuerpo doliente y enfermo a un lugar principal. El cuerpo se separa del psiquismo (la persona integrada) y se lo radiografía, calibra, examina con decenas de máquinas y se lo diagnostica.

El psiquismo queda al cuidado del psicólogo que trata de rescatar al hombre que sufre, teme y se angustia.

Podríamos decir que ha habido una fuerte tendencia a separar el cuerpo de la mente y buscar curar un cuerpo y no al hombre en su integridad.

Los seres humanos nacemos excesivamente inmaduros; esto hace que necesitemos muchos cuidados, protección, amparo, para que las necesidades vitales estén satisfechas. En esta experiencia de prolongada dependencia se produce el temor a perderla y esto se reaviva en la enfermedad, en la que se reviven el temor a no ser cuidado, atendido, al dolor y abandono.

La enfermedad hace que el cuerpo y el alma se pongan en primer lugar, ya no alcanzan solamente saber acerca de la enfermedad, sino sobre un ser humano que se enferma, con su historia, conflictos, deseos y temores.

Hoy tenemos que acercarnos a modelos de trabajo interdisciplinarios que den su aporte, apoyo al ser cuando está en la situación de estar enfermo.

La enfermedad ha pasado de lo biológico a la integración psico-bio-social y familiar. Esto significa descartar que lo importante es curar el órgano enfermo, sino intentar al sujeto en su totalidad para no seccionarlo.

El problema central en la ciencia actual es integrar la función que desempeña la enfermedad en el sujeto mismo (beneficios, ser el centro, dependencias, etc.) dentro del grupo familiar.

Veamos como ejemplo la sintomatologia anoréxica, la cual tendemos a interpretar solamente como expresión de las presiones sociales en cuanto el ideal del cuerpo femenino, perdiendo de vista que lo social sólo da el "ropaje" a la enfermedad.

Las situaciones traumáticas, de dolor y conflicto familiar pueden sobrepasar la capacidad de ponerle palabras y se expresa como síntoma corporal.

Es decir que el hecho biológico de estar enfermo, con un trozo del cuerpo en desequilibrio pasa a ser considerado como "una persona enferma". De lo estrictamente biológico vamos a una integración asistencial. Esta postura respeta la integridad del ser humano, dándole la oportunidad de elaborar su "persona enferma" y su posibilidad de cura.

 

Lic. Marta Craichik