El Cuerpo, también lugar del dolor
Creemos que el cuerpo es el lugar del placer, es por eso que intentamos buscar elementos y situaciones que nos traigan satisfacciones: alimentos, cosmética, ropa, bebidas, sexualidad, actividad física.
Sin embargo, el cuerpo es también el lugar de la enfermedad y el dolor.
Hoy y al iniciar este promisorio nuevo milenio, asistimos a la pesadilla de la droga, el SIDA, la proliferación de las anorexias, bulimia, las enfermedades ligadas a las exigencias de la vida laboral o al "stres". Esto incluye una gran contradicción porque estamos estimulados a incorporarnos al consumo de objetos que prometen sensaciones placenteras y por el otro aparecen enfermedades asociadas al sufrimiento del vivir.
Esta paradoja debe estimularnos para agudizar el deseo de investigar y preguntarnos. La gran contradicción se hace evidente en la etapa adolescente.
Esta etapa es un tiempo de cambio, transformaciones y también de pasión y sufrimiento, y justamente ellos son los más sensibles, no sólo a los cambios en su propio cuerpo, sino a las situaciones conflictivas e inestables dentro de su familia o en la sociedad. Y protestan ante esto pero también es un llamado a alguien que lo escuche.
¿Cómo lo hacen? No siempre hablando, porque cuando la palabra se silencia surgen los actos y algo intentan decir cuando corren picadas, cuando beben en exceso o se drogan, se hacen tatuajes llamativos o se enferman.
El adolescente debe salir al mundo externo con el título de hombre o mujer que elige carrera para ser un trabajador calificado y autosuficiente, que pueda conformar una pareja exitosa y tener bellos hijitos.
Cuando este joven se enfrenta a los ideales que los padres y sociedad le exige, encuentra pocos recursos con que responder a tanta exigencia.
Siente, en algunos casos, su pobreza, no sabe qué hacer para reconocerse y qué hacer para que lo reconozcan.
Este encuentro con lo desconocido lo lleva, en alguna de tales ocasiones, al recurso de la droga, alcohol, comer en demasía o alejarse de ella; es decir, llevan el dolor o el malestar al cuerpo para aliviar el dolor psíquico, emocional que lo desconocido le produce.
Como si quisieran parar un dolor y entonces se "agarran" a un recurso que provoca otro dolor pero manejado por ellos.
El adolescente tiene gran dificultad en expresar su sufrimiento en palabras.
Suelen hablar poco o mucho pero sin decir algo. Hablan con jerga propia y así resulta que hasta la palabra es extraña.
Los adultos debemos reconocer que la sociedad está caracterizada por una caída de ideología, valores, ética, en la que la palabra ha ido perdiendo valor de certeza: se dice algo y se hace lo contrario. En este mundo el adolescente debe resolver la crisis de su crecimiento. El llamado que hace con su cuerpo también en crisis es un intento que el adulto, más sano, lo escuche. Lic. Marta Craichik |