El duelo en los niños

Es difícil para todos hablar de situaciones dolorosas en la infancia porque siempre el adulto que lo acompaña está involucrado. Además es importante destacar la edad del niño cuando ocurre la pérdida de un ser cercano en el afecto y en el significado: padres, hermanos, abuelos.

Sin embargo, pensar acerca de esto puede ayudar a comprender qué es el duelo, el dolor y para ello distinguiremos entre la situación y la forma en que se la vivencia.

Lo que lo trasforma en traumático no es la situación en sí misma; será sí un período doloroso, difícil, pero nada nos dice de lo que ocurre en el psiquismo del niño.

En el niño pequeño, por su escasa capacidad de relacionar, hacer preguntas, la situación que rodea la muerte, antes y después, crea una atmósfera de inestabilidad y confusión. Esto sí invade de tal amera que no le permite establecer ningún tipo de relación y se produce un desajuste importante.
Es común creer que todo lo terrible, doloroso o penoso es traumático. Se habla del trauma que el niño ha pasado.

Veamos qué significa duelo: éste es el proceso que lleva la aceptación de una pérdida, que se irá logrando con lágrimas, enojos, preguntas y con tiempo.

Justamente el proceso de duelo permite que la pérdida no amenace la continuidad en el crecimiento del niño y no desarticule la constante interacción con su mundo circundante; es decir, aprendizaje, juegos, etc.
Sin embargo, no debemos olvidarnos que para entender el duelo del niño hay que tomar en cuenta la forma en que los adultos que rodean al niño viven su propio duelo. Es decir que el proceso de duelo se desarrolla en la interrelación del adulto y las necesidades específicas de cada uno y además con los factores culturales y religiosos del grupo familiar.

El duelo es enfrentar lo irreparable, es parte de nuestra existencia vulnerable.

Para evitar que se transforme en traumático hay que ayudar al niño a que le ponga palabras, enfrente el dolor y así lo exprese verbalmente, muestre su sufrimiento, haga preguntas dolorosas. Lentamente se irá evitando que quede "congelado" un sentimiento que se irá trasformando en el comer, dormir o síntomas corporales.

Nuestra función como adultos es acompañarlo para que, siguiendo en su condición de niño, enfrente el dolor y pueda ir recuperando su capacidad de crecer.

Lic. Marta Craichik